El problema con "estar en todas partes"
Tiempo de lectura: 4 min
Formato: Ensayo Crítico
Fuente: Pro Republic Studio
"Estar en todas partes es fácil. Ser coherente es más difícil. Pero solo una de las dos es sostenible."
Estar en todas partes suele confundirse con ser relevante. En realidad, la omnipresencia usualmente señala una falta de dirección.
Proyectos y organizaciones culturales adoptan nuevas plataformas, formatos y canales en respuesta a la presión — no a la estrategia. Cada adición se siente necesaria, pero juntas fragmentan la atención y debilitan la coherencia.
La presencia se multiplica. El significado se disipa.
Cuando un proyecto intenta hablarle a todos, deja de hablarle claramente a alguien.
Diferentes plataformas exigen diferentes ritmos, lenguajes y comportamientos. Sin un sistema central, adaptarse a todas obliga al proyecto a reformarse constantemente. Con el tiempo, la intención original se vuelve irreconocible.
Esto no es expansión. Es dispersión.
Estar en todas partes también crea tensión operativa. Los equipos pasan más tiempo manteniendo presencia que desarrollando sustancia. Las decisiones son impulsadas por algoritmos en lugar de criterios.
Una presencia estratégica es selectiva. Prioriza profundidad sobre alcance. Elige plataformas que refuercen la estructura en lugar de socavarla. Entiende la ausencia como una forma de claridad.
No todo espacio merece ocupación. No todo canal merece contenido.
La infraestructura permite a los proyectos estar presentes sin estar dispersos. Crea un centro desde el cual la comunicación puede extenderse — sin colapsar. Estar en todas partes es fácil. Ser coherente es más difícil. Pero solo una de las dos es sostenible.
Estar en todas partes es fácil. Ser coherente es más difícil.